CAMPEONES DEL CORAZÓN

Diego, rezamos todos.Sentí que se retorcía un nudo dentro del pecho y me asusté. Sentí miedo, escalofríos y tristeza, todo al mismo tiempo y en cuestión de segundos. Era una especie de pánico repentino y mi batalla era contra un solo enemigo: la desilusión.
El silencio alrededor de la mesa era imposible de evitar y cualquier palabra que se dijera no era digna de escucharse porque había algo que nos aturdía a todos por igual y en lo único que pensaba era en salir de esa situación, costara lo que costara.

Perdón, Diego, pero voy a tener que usar palabras poco poéticas para describir lo que vino a continuación, y vos sabrás entenderme. Lo que aturdía era la bronca, esa puta sensación que aturde a todos en muchos momentos de nuestras vidas, casi siempre por injusticias que nos tocan directamente o nos rozan el cuerpo y no nos deja pensar.
Porque si algo caracteriza al fútbol argentino es el hecho de ser cuna de héroes que viven en la miseria y con algo más que talento (con un don) regalan al país y al mundo, las alegrías que quedan en la retina de una generación y se traspasan a la siguiente y a la siguiente. De Fiorito para el mundo…

Vos sos ese ejemplo viviente. No hay monolitos que lo digan, porque no hace falta, sos el tatuaje en los cuerpos de miles de argentinos que te bancan en las buenas, y en las malas mucho más.
Lo de hoy no opaca tu historia, pero sí sé que era tu propia meta a alcanzar para taparle la boca a muchos giles que andan dando vuelta en eso que han dado en llamar “periodismo”.

De algo tenés que estar seguro, las batallas contra los dirigentes corruptos y los periodistas mediocres, ya las tenés ganadas (y por goleada). Lo que faltaba era la frutilla del postre, tu reconocimiento como líder indiscutido, pero esta vez desde el banco y haciendo palomita bajo la lluvia, rayando el césped. Porque eso sos vos, la locura hecha persona, el sentimiento vuelto gambeta, la desobediencia dentro y fuera de la cancha. Porque si hay algo que admiro de vos, que no tiene relación directa con lo futbolístico, es tu sinceridad y tu forma de decir lo que muchos callan. Tu tomar parte en el partido “a pesar de”.

Diego, no adeudás ninguna materia, estás graduado en esta vida y tenés asegurado un lugar entre los seres más admirados de este planeta. Nadie puede negar eso.

Ahora bien, esa bronca que esta mañana se acumulaba en mi garganta y bajaba al pecho para lentamente quitarme la respiración no era hacia vos ni hacia los chicos. Porque son chicos pero son TAN GRANDES al mismo tiempo.
Esa bronca era contra el azar que nos quitaba el sueño. Porque los goles del mejor jugador del mundo por estos tiempos no llegaban y las piernas de esa Pulga se multiplicaban para ganar terreno y aún así no alcanzaba. Porque las chances de Pipita eran claras por momentos y todo se nublaba de golpe con la arremetida alemana que de sangre tenía poco y nada, para no decir que era completamente nula. Porque el quite y los pases exactos de Maxi tampoco alcanzaban y parecía que teníamos que suplicar para que el árbitro nos cobre alguna de las tantas faltas. Porque el estadio quedaba enmudecido de repente, porque fuimos locales otra vez.

Y fue un fusilamiento implacable. Ganó la frialdad calculada frente al toque y el trabajo en equipo. Vos lo dijiste, “este es el fútbol que quieren los argentinos”, y claro que no te equivocás. Queremos más.

Diegote, son campeones del corazón y no hizo falta el título para ganarse el cariño de toda la gente.
Ahora respiro con un poco de tranquilidad y pienso, ¿cómo explicarte con palabras lo que siente el corazón en estos momentos?, ¿cómo encontrar la manera exacta de decirte que la palabra GRACIAS me queda chica y lo único que puedo hacer es intentar resolver el nudo que tengo en la garganta hace ya casi siete horas? Intento y no lo consigo. Y lo peor del caso es que el aturdimiento me queda en la cabeza y en el alma hasta el próximo Mundial.

Dios, sólo te pido que no abandones el barco, porque la remaste contra la corriente y te fortaleciste aún más. Sos tan inmenso que nadie más que vos podría redoblar la apuesta en el país vecino dentro de cuatro años. Por favor, quedate. Es el deseo de 40 millones de argentinos.

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