“NUESTRA HISTORIA ES UN EJEMPLO DE ADAPTACIÓN AL CAMBIO”

Cada Cual Vive Su Propia CordilleraUno de los 16 sobrevivientes de la impactante tragedia de los Andes en 1972, relata la proeza que los devolvió a la civilización luego de 72 días en los que fueron dados por muertos. Su público es el mundo empresarial, las multinacionales que lo contratan para que, en época de crisis, les enseñe a sobrevivir.

Caer en medio de la cordillera fue morir y renacer. La adversidad se delineó a través del cordón montañoso, en forma impetuosa, ante los ojos de un grupo de uruguayos que viajaba a Chile para disputar un partido de rugby el 13 de octubre de 1972.

Treinta y seis años después, esa misma montaña se trasluce en la mirada de Carlos, o Carlitos, como le dicen todos. Parece que muere y renace 86 veces al año, porque ese es el número de conferencias que lleva a cabo en diversos países. Relata detalladamente cada uno de los hechos, desde la hora exacta del accidente hasta el minuto antes de partir en los helicópteros que los rescataron, 72 días después de que el Fairchild 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya se estrellara en los Andes.

Es uno de los dieciséis sobrevivientes de la tragedia que conmovió al mundo. El viernes 13 de octubre de 1972, el avión en el que viajaba con sus compañeros del equipo de rugby amateur, Old Christians, despegó del aeropuerto de Mendoza pero nunca llegó a destino. El partido de rugby nunca se jugó, y lo que a partir de ese momento se libró fue una desesperada lucha por sobrevivir.

Veintinueve de los 45 pasajeros que iban a bordo sobrevivieron al impacto inicial, 16 sería el número final que más de dos meses después aparecería en la tapa de los principales diarios del mundo, para convertir el hecho en “la historia de supervivencia más increíble de todos los tiempos.”

TU PROPIA CORDILLERA

“Mi dolor no es peor que el tuyo. Vos tenés tu historia, tu propia cordillera.” Así arranca Carlos y en ese mensaje hace explícito lo que será toda la entrevista: una continua reflexión acerca de lo que pasó en 1972, que busca sentar las bases para toda la sociedad, para quienes lo escuchan relatar su vivencia en cada una de las conferencias que brinda desde 2002, año en que la crisis económica argentina golpeó su agencia de publicidad ubicada en Montevideo, Uruguay, y en el que debió dar un giro inesperado pero a la vez certero.

Según él no se trató del “milagro de los Andes”, como la prensa lo denominó entonces y aun hoy hace referencia. Carlos asegura que, de haber sido así, habrían aparecido los 45 pasajeros vivos después de 72 días; él dice, en cambio: “El gran milagro de esta historia es el cómo está hecho el hombre, capaz de adaptarse a cualquier circunstancia.”

Soportaron temperaturas de hasta 40 grados bajo cero, se hallaron a más de 4 mil metros de altura, sin abrigo, sin comida y aun en esas condiciones pusieron todo su empeño en un solo objetivo: salir de allí con vida. Para ello inventaron el convertidor de nieve en agua; construyeron hamacas para los heridos; y debieron utilizar los cuerpos sin vida para alimento. Una avalancha los enterró vivos, matando a ocho personas y aunque el clima de tormenta constante se encaprichaba en prohibirles la salida, un trío de sobrevivientes salió en una “expedición final” –luego de varios intentos fallidos- con la mente puesta en cruzar los Andes chilenos, para finalmente lograrlo.

Páez explica que su relato busca demostrar que allá arriba, en la montaña, triunfó la vida gracias al trabajo en equipo y es posible adaptar su historia a cualquier otra circunstancia cotidiana. A nivel personal, afirma que se trató de un “renacimiento” que fue gestando durante esos más de dos meses internado en plena cordillera andina. Así también lo dice en el testimonio que brinda a Pablo Vierci, el escritor de “La Sociedad de la Nieve”, el último libro oficial sobre la tragedia que se editó en 2008. “Yo siento que renací en los Andes. No me refiero al nacimiento biológico, sino a la formación de un joven que cayó entre los picos nevados, y exigido por la realidad, se fue templando a los martillazos. Y ese otro que emergió con el pasar de los días, que  aprendió el valor de la vida, que comprendió cómo operar en conjunto, que aprendió a pensar más allá de sus narices, ese nuevo Carlitos Páez nació allá y se me incorporó para siempre.”

En el año 2003, Carlos editó su libro “Después del día diez” cuyo título se debe a la fecha en que los sobrevivientes escucharon por la radio –una Spika que ellos mismos arreglaron- que el grupo de rescate ya no los buscaba, los habían dado por muertos. Según Carlos a partir de entonces comienza la verdadera epopeya de los que aun estaban con vida. Tendrían que salir por sus propios medios.

ACTITUD FRENTE A LA CRISIS

Nuestra historia es una historia de crisis. La diferencia con la realidad mundial es que allá arriba no estaba en juego el tema económico sino la vida, ¿qué más crisis se puede tener ante esa realidad? Carlos asegura que, de una manera u otra, el hecho de relatar cada uno de los pasos que siguieron en la cordillera para encontrar la salida, es un mensaje esperanzador. “Las empresas nos prefieren antes que a los economistas, porque ellos sí hablan pero también se equivocan.

Entonces, empresas de bancos, de fondos, que están afectadas directamente con la crisis, prefieren escuchar nuestra historia.” Entre las principales firmas que lo han contratado a lo largo de estos años se hallan Nokia; Coca-Cola; Televisa; Unilever; Loma Negra y Citibank, entre otras.

La clave de sus conferencias está en detallar los hechos y dejar que el público, por sí solo, se detenga a analizar cuestiones que comparando tienen mucho en común con la lógica empresarial, esto es el trabajo en equipo, la toma de decisiones, la tolerancia a la frustración, la adaptación al cambio y, sobre todo, la posibilidad de encontrar recursos desconocidos aun creyendo que no existen.

“Según dicen los que saben, en la cordillera nosotros aplicamos todo lo que tiene que aplicar una empresa para salir adelante frente a una crisis, pero sobretodo porque nuestra historia es un ejemplo de adaptación al cambio.”

Carlos afirma que el mundo se ha vuelto cambiante. “Antes había un guión, uno sabía que si trabajaba le podía dar de comer a sus hijos, en cambio hoy por hoy la cosa cambia: ¿qué pasó con nuestra historia? A nosotros nos cambiaron el guión. Íbamos a jugar al rugby a Chile, a pasarla bien y terminamos en la cordillera.”

MIRAR POR EL ESPEJO RETROVISOR

Lo más importante para “el hombre de temple de hierro” como le llaman, es que esta historia fue protagonizada por gente común. Ellos no conocían la nieve, ni la montaña –la más alta en Uruguay mide 500 metros- no tenían idea de lo que era la altura.

Se sonríe y cuenta: “éramos niños que no servíamos para nada, malcriados, consentidos y caprichosos. En mi caso, ni boyscout había sido. Era un chico que tenía todas las mañanas, el desayuno en la cama y jamás había dormido fuera de mi casa.” Hace una pausa y se pone serio, “y de pronto nos cambiaron el guión, pero logramos adaptarnos a esas circunstancias y salir adelante en esta historia, que es única y de la cual se han escrito diecisiete libros, se han hecho tres películas y ocho documentales.”

Cuándo uno dice setenta días, la gente frívolamente no se detiene a pensar de qué margen de tiempo se está hablando. En setenta días pasan muchísimas cosas. Carlos, en algún momento hasta creyó que no iba a salir de la montaña. Sin embargo, cuenta, “lo que ayudó fue el grupo, siempre digo que el trabajo en equipo no siempre es para logros materiales, también lo es para logros espirituales, de alguna manera, cuando uno se cae los otros te levantan.”

De aquel adolescente ingenuo de dieciocho años que cayó en las montañas queda poco y nada, ahora Carlitos es Carlos, un hombre de 55 años, padre de Maria Elena de los Andes –lleva ese nombre porque estando en la cordillera escucharon que el grupo de rescate había avistado restos del avión en el cerro Santa Elena- y de Carlos Diego –en este caso los nombres son de dos amigos que fallecieron en el accidente-. Páez es un hombre que cada día, asegura, sigue apostando a la vida.

“Por supuesto, a mí se me pincha la goma del auto y me vuelvo loco (risas). Sin embargo, para ese tipo de cosas me gusta mucho la imagen del espejo retrovisor del auto: uno mira para atrás pero va siempre hacia delante. Yo miro para atrás en mi historia, pero voy para adelante; me digo: después de haber vivido lo que viví, ¿me estoy quejando por esto?” Carlos apela al pasado para ir hacia delante.

Dice que “cada cual vive su propia cordillera” y con esa frase hace cómplices de la hazaña a todos los presentes en la sala de conferencia. “Soy conciente de que el futuro es el resultado de las acciones del presente. La vida continúa, hoy veo nuestra historia de los Andes y concluyo en que lo que triunfó fue la vida. Hoy somos más que los que salimos aquél día en el avión.”

 

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