DE PORQUÉ LA FRASE “LO QUE NOS CURA SE VA” ES TERRIBLEMENTE CIERTA

Cuando sentís que estás a punto de caer, siempre hay alguien que te rescata, estira la mano y te corre del hueco al que ibas en caída libre, te saca del abismo.

Un día abrís los ojos, hacés un racconto de las cosas que te rodean, mirás a un lado a otro, estás sola. Lo buscás a él y no sólo su ausencia ocupa todo el aire, sino también los recuerdos que te miran desde la ventana, los mirás vos y corren la cara, avergonzados de seguir estando ahí.

Te movés, sentís el cuerpo pesado, la alarma del despertador te grita al oído, te revienta los tímpanos, te devana los sesos. Estás cansada y no sabés porqué pero necesitás que las agujas se detengan, que el reloj del mundo diga basta y por un rato vos te puedas bajar.

Ni el calor del piso de madera, ni la ducha caliente de la mañana pueden devolverte el aliento. Te quedaste muda un día y al siguiente olvidaste cómo volver a hablar. Ahora llevás días con la garganta seca, tosés y duele, la garganta y algún que otro lugar de cuerpo.

Caminás hacia la cocina y ni la cafetera te dice buen día, igual te acercás a ella y hacés lo de siempre: café negro para dos, no, para vos.

Cinco minutos son una eternidad y ese lunes, como todos los anteriores, tiene las veinticuatro horas más largas del mundo. Es tu lucha cotidiana contra el espejo. ¿Sonrío o no sonrío? ¿Tengo cara de payaso? Soy patética realmente… me maquillo, no combino, no importa, da igual. Salgo.

Y en la vereda observás a un vecino, al encargado del edificio, a un peatón mal vestido, a un desconocido con un maletín repleto de rutina. Todos yendo y viniendo y vos moviéndote con un paso primero y otro dos segundos después, a pesar de… ¿de qué? A pesar de sentir un vacío en el viento que te pega en la cara y que te avisa, susurrando al oído, que se acerca el verano y vos ni te diste cuenta lo rápido que pasó la primavera.

Caes en la cuenta y entonces suspirás, pero es un suspiro con congoja, ni siquiera es nostalgia lo que te invade. Quedaste invadida hace tiempo, cuando llegó a tu vida.

Estabas secándote el agua de la última tormenta que te agarró desprevenida en una vereda y él sacó un paraguas sin preguntarte siquiera. Él te invitó a soñar un rato y a pesar de tus negativas iniciales terminaste aceptando, abriendo el alma despacito y sin darte cuenta.

La ley dice que “lo que nos cura se va” porque de esa manera, fugaz, deja huella para la eternidad. Y ya no está, se fue.

Ahora anhelas despertarte de ese sueño matinal, un día cualquiera, pero pronto. Ansiás saber qué habrá al llegar a la esquina cuando gires el cuerpo y levantes la mirada. Porque ahora estás al borde del abismo, y ya imaginás lo que puede ser tocar el fondo.

Pero también sabés, inconscientemente, que siempre que estás a punto de caer, alguien viene y te rescata, estira la mano y te corre del hueco al que ibas en caída libre, te saca del abismo.


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4 pensamientos en “DE PORQUÉ LA FRASE “LO QUE NOS CURA SE VA” ES TERRIBLEMENTE CIERTA

  1. Se queda un rato, nos mima, nos miente, y después se va, después se va!! El clásico manotazo de ahogado, se ve que la metáfora es real..Flor tanto tiempo?! la verdad, todo muy lindo el blog…Ah! te he estado hurtando algunas de las fotos que usas, así que desde ya ´chas gracias! Estás avisada eu!un abrazo

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