MÁQUINAS DE CARNE Y HUESO

Y caigo en la cuenta de que somos máquinas, que en algún momento vamos a fallar, nos vamos a romper y alguien nos tendrá que reparar.

Algo así como el ascensor del edificio, que a veces se descompone (nadie sabe el porqué) y entonces viene el portero (se llama encargado en realidad, portero es la placa de metal o bronce a la que llamamos por los botoncitos) y le coloca en la puerta entreabierta un cartelito que deja leerse: “NO FUNCIONA”.
No, claro, que no funciona todos nos damos cuenta y empezamos a acordarnos de la familia del portero (no me importa, que se enoje si le digo así) meintras vamos subiendo los diez pisos para llegar a casa. No, claro, las máquinas en el siglo XXI pueden romperse y yo no?

Lo evidente pasa desapercibido. Lo cotidiano, casi que no lo vemos, pero a veces, la realidad nos asusta. Y la cuestión es que el ser humano también es una máquina y puede lastimarse. Es imposible que transcurramos nuestro paso por la Tierra y no obtengamos ni un sólo rasguño. De verdad, imposible.

Ahora, lo que me pregunto es porqué nadie se detiene ante el cartelito: “NO FUNCIONA” y en lugar de enojarse se pregunta qué pudo haber pasado, o algo mejor aun, si anduvo perfecto durante casi todo el mes, por qué se descompone justo ahora? eh? eh? eh?

Ese famoso “por qué a mí?” nos pasa a todos, y el tema mucho no divaga en cuestiones filosóficas, para eso me alcanzó la clase de esta mañana en la Facultad.

Creo que voy a colocarme un cartel en el cuello… a ver si de una vez la gente toma el ejemplo y deja de ocultar su estado anímico verdadero. Sé que tengo heridas, y me asusto preguntándome con qué maquillaje las he estado ocultando durante todo este tiempo?

Gracias, por soportar esta locura cotidiana.

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8 pensamientos en “MÁQUINAS DE CARNE Y HUESO

  1. Hola:

    Si todos nos colocásemos un cartel en el cuello para indicar nuestras heridas, la ciudad se llenaría de inscripciones del tipo: SOBREVIVO.

    Me gusta tu blog. Más que una locura cotidiana, esta entrada es una introspección afortunada (bueno, no sé si las hay de ese tipo).

    Saludos.

  2. Sería divertido ver qué se escribe la gente en sus etiquetas anímicas a modo de presentación. Irascible. Caliente. Tristoño. Optimista. Nosé/Nocontesto. Corajudo.
    Igual seguro nos cansaríamos pronto de usar ánimos tristes, que me parece que es lo que nos suele pasar la mayor parte del tiempo. Al menos, en la medida de que nos tomamos el tiempo para ver qué ánimo tenemos. En la alegría uno no tiende a necesitar etiquetarla.

    Y después ahí vendría el tráfico de etiquetas! Gente vistiendo etiquetas mentirosas. Y ahí te quiero ver, cuando el irascible se disfraza de sociable sólo para buscar roña, o el caliente se viste un “tristecito” para captar algún alma solidaria incauta.

    Jodido.

  3. Será quizás que el ser humano no necesita etiquetas.
    Y si te dijera que para mí ese cartel lo llevamos todos?
    Esta en tus ojos, en los míos, y en los de todos los demás, pasa que no escriben un leguaje común,
    Es más bien como Cortazar, que escribe para pocos.
    Porque en fin que vale que todo el mundo vea en vos un cartel que dice como estas, que cuente tus heridas, si la persona que esta a tu lado ni si quiera levanto la vista para miarte.
    O la inversa de lo anterior, cuando nadie al lado tuyo se percata de que es lo que pasa,
    nadie interpreta tu “cartel”, y una persona desconocida, choca con vos, levanta su vista y puede leerte como libro abierto de manera casi inconsciente,
    la vida en su forma fantástica nos da la capacidad de escribirnos, de interpretarnos, pero pierde su fantasía en lo ordinario.
    Es por eso que cuando tus ojos escriben lo hacen para algunos afortunados, solo algunos pocos

    Bien flor esta muy bueno, nos vemos
    Zurdo

  4. Y si, realmente son problemas cotidianos, pero, no es cotidiano el vivir, el estar bien, regular, más ó menos?, el problema es que actuamos con egoísmo, sin pensar justamente…, por que pasó??
    Bueno, reflexionemos y actuemos pensando un poco más, en todo y en todos.

  5. Como alguien ya dijo más arriba, tal vez el sentido de andar por la vida sin cartelitos se revela en la magia de una mirada anónima que, como sorpresa bienvenida, nos descifra.
    …tal vez, andar etiquetados por ahí nos convertiría a todos en partícipes de un mega “Gran hermano”
    …tal vez queramos resguardarnos un poquito, para dejarle el lugar del descubrimiento a quienes realmente nos resultan significativos, o a quienes les pique el bichito por querer saber algo más.
    Tal vez, haga falta a veces camuflar los sentimientos para pasar un mal trago, para no escarbar neciamente en las heridas, o al menos para evitar que otros lo hagan.
    Pero es muy cierto que, por momentos, uno desearía colgarse ese “no funciona” y, sin más ni menos, dejarse arreglar.

    MAdrid querida, con mucho gusto estoy haciendo esta visita que venía postergando desde hace tiempo (pido disculpas por esa demora). No quería pasar y leer tararararpúm, a la marchanta. Quería tomarme un buen rato para disfrutarlo y así fue.
    Niña, no tendremos cartelitos, pero vos tenés esa magia -mucho más fructífera- de la palabra que conmueve. Gracias por compartirla.
    Un beso enorme.
    Paula (Oye…)

  6. Holaaa!!!!
    Me encantó tu blog, gracias por agregarme al tuyo. Ya te pongo a vos!
    Ojala puedas venir a Madrid, porque si te gusta Baires, Madrid enamora.
    Nos estamos escribiendo!

    besos

  7. No se si máquinas… pero lo de que no funcionamos pasa cada tanto.
    Y yo me pregunto… si al ascensor no lo abligamos a andar cuando está descompuesto; ¿porqué nos obligan sonreir cuando nuestros ojos están llenos de lágrimas?
    No funcionamos… y cuando eso pasa, respetennos! No quieran arreglarnos con meras palabras, porque un alma rota, un corazón roto… son heridas que tardan años, muchos años en cerrar.

    Saludos Madrid!

    **pAuPaU** =)

  8. Leyendote, si querer llegué a recitar este poema de Jaime Sabines…¿es fuerte el poder ver, verdad? no se trata de locuras…solo de tener los ojos bien abiertos, que no te achique, es un regalo que solo algunos reciben.

    LOS AMOROSOS

    Los amorosos callan.
    El amor es el silencio más fino,
    el más tembloroso, el más insoportable.
    Los amorosos buscan,
    los amorosos son los que abandonan,
    son los que cambian, los que olvidan.

    Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
    no encuentran, buscan.
    Los amorosos andan como locos
    porque están solos, solos, solos,
    entregándose, dándose a cada rato,
    llorando porque no salvan al amor.

    Les preocupa el amor. Los amorosos
    viven al día, no pueden hacer más, no saben.
    Siempre se están yendo,
    siempre, hacia alguna parte.
    Esperan,
    no esperan nada, pero esperan.

    Saben que nunca han de encontrar.
    El amor es la prórroga perpetua,
    siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
    Los amorosos son los insaciables,
    los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
    Los amorosos son la hidra del cuento.
    (…)
    Los amorosos son locos, sólo locos,
    sin Dios y sin diablo.
    Los amorosos salen de sus cuevas
    temblorosos, hambrientos,
    a cazar fantasmas.
    Se ríen de las gentes que lo saben todo,
    de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
    de las que creen en el amor
    como una lámpara de inagotable aceite.

    Los amorosos juegan a coger el agua,
    a tatuar el humo, a no irse.
    Juegan el largo, el triste juego del amor.
    Nadie ha de resignarse.
    Dicen que nadie ha de resignarse.
    Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
    Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
    la muerte les fermenta detrás de los ojos,
    y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
    en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

    (…)
    Los amorosos se ponen a cantar entre labios
    una canción no aprendida,
    y se van llorando, llorando,
    la hermosa vida.

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