Yendo de un todo a la nada

Porque una vez que la ciudad quede vacía,
vacía en mi memoria, habré muerto.



Cada pisada sobre las veredas tiene un ritmo, una sintonía, un porqué ser. Buscando inútiles porqués comencé una madrugada a repasar momentos, buenos y malos. No quería matar el tiempo ni mucho menos ganarme el premio Konex, claro está. Simplemente quería saber hasta dónde llegaba mi mente a explorar el sentir de la mano de la razón.

No sabía quién iba a ganar la batalla, pero lo que sí sabía era que la guerra estaba declarada de antemano. Una guerra desprovista de armas desde el comienzo, pero que renovaba a cada rato, en cada esquina. No iba a desangrarme ya más de lo que venía, aunque dicen siempre hay una forma más cruel de sufrir que la parece ya única y extrema.

Y entonces declaré la guerra a mis instintos y pensamientos. A ambos por igual. Y la ironía parecía que se iba a quedar quieta, mirando, sin intervenir en esto que era, ante todo, un duelo prometido.


Sin titubear los pensamientos comenzaron por desenfundar los últimos resquicios del tiempo pasado, porque sabían que eran letales. Casi sin apuro, y con la elegancia que les caracteriza empezaron a ganar terreno y el combate los tenía por potenciales ganadores a simple vista.

Pero no tardaron mis instintos en desempolvar su armamento, que habían preparado a lo largo de los años con vistas de un enfrentamiento muy probable.
Y el choque entre ambas potencias se dio durante un tiempo que no se pudo medir con las técnicas terrenales, sino que debió ser calculado por los mismísimos dioses expertos en cuestiones de desequilibrios.

Mentales, sí, el desequilibrio si no era mental no tenía sentido ni razón de ser, aunque fuera desequilibrante, lo racional debía estar presente, porque la verdad es que lo que me llevó a confrontar fue el deseo -nada más instintivo que eso- y quien respondió con todas sus fuerzas fue la razón -siempre tan oportuna y bien vista-.

Sin fuerzas y abatida por mi confianza en un volver atrás para recoger los restos de la batalla -porque dicen que es necesario e inevitable para recomenzar- me tropecé con un recuerdo. Y allí un suceso tuvo protagonismo.
Más de una lágrima se deslizó por mi rostro y en su caída un dejo de nostalgia se dio la cara contra el piso, sin decir nada al respecto. Porque mi persona había aprendido a callar para sufrir por dentro y acumular desengaños. Y así le iba bastante mal. Y así había llegado caminando por las veredas, dejando huellas y aguardando la próxima batalla en las esquinas.

Suceden las grandes epopeyas debido a un giro crucial en el destino / desatino de las personas. Y fue en aquella batalla que supe que en cada rincón de la ciudad lo volvería a encontrar. Ese recuerdo se repetiría cada vez, hasta que mis instintos y mis pensamientos dejaran de pelear y empezaran a conciliar ideas. Pasó al aluvión de disparos y gritos, el humo comenzó a disiparse y pude levantarme para seguir caminando.

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3 pensamientos en “Yendo de un todo a la nada

  1. Muchachiña, la verdad que es un espacio muy íntimo aunque este publicado en un espacio no tan íntimo jiji.. pero en fin para uno, es íntimo, las palabras brotan en la intimidad y es necesario sacarlas a que tomen aire y que sepulten un texto que luego sera leído…

    Me gustó el cierre, se venía gestando el zarpazo final y se dio en un cierre “oportuno” (si si que buena palabra)…

    así que bueno niña…la locura seguirá alimentando egos, te acordá s de eso?…

    Besiños…hasta una nueva locura

    Pily.-

  2. Aprendí alguna vez que el único momento en que uno tiene derecho a mirar a otro por debajo de su hombro, es cuando ese quién necesite ayuda para levantarse. He aprendido tanto a su lado, Señorita…

    Es tiempo de saldar deudas, porque lo prometido es deuda, y no se podía ir septiembre sin que dejara un cachito de mí en tu blog…
    He aquí yo, emocionada por tus palabras, esas que entiendo, porque comparto esta aventura simple que es el día a día de nuestras vidas, formulándome una pregunta peculiar: ¿qué nació primero, la tristeza o esta poco generosa vida recortada? ¿No es ella acaso, qué tanto sabe de dolor, desamor y rupturas, la responsable de que el mundo esté cómo está, mientras seguimos culpándonos a nosotros mismos?
    Nunca más a colación esa frase descontextualizada que he osado usar, intrépidamente, que enuncia “El tiempo sobre veces pasadas, recientes, lejanas”. Creo que es en el interjuego del tiempo donde escribimos, tachamos, reescribimos y borramos nuestra propia historia, pese a lo duro y doloroso que se hace llevarlo.
    Dije alguna vez en una frase cargada de anhelo: “podré volver al lugar donde me quedé hace tiempo y arrancar esa imagen para volver a empezar, disfrazándola de despedida, sin volverme sobre mis pasos, esperando el milagro de no tener que girar la cabeza y buscar desesperadamente como siempre.” Aún anhelo que ese momento llegue. Pido soliloquio para mí misma, por este error constante de quedarme mirando cuando la vida pasa por la vereda de enfrente…

  3. Cuando creemos que nada nos va a hacer sufir más que lo ya sufrido, aparece alguien que nos duele mucho más que la persona anterior. Y ahí es cuando nos damos cuenta que antes no habíamos muerto con el pasado, y que siempre habrá un mañana, que quizá nos haga sufrir más, pero que también nos hace más fuertes, y así encontraremos el equilibrio. O que quizá nos de la alegría que tanto perseguimos. Como sea, este camino se hace caminando, y de eso se trata la vida. A veces nos equivocamos, a veces acertamos, pero sólo podemos saber los resultados de las decisiones luego de ejecutarlas. Con el diario del lunes todos son sabios, pero hay que jugar el domingo, y ahí pocos se ven en la cancha. Es por eso no debemos condenar a nadie, pero tampoco que nos condenen a nosotros. Y saber asimilar las enseñanzas que nos deja el dolor y la alegría para crecer. A veces es necesario perder a un gran amor o dejarlo ir (aunque siempre lo lleves dentro tuyo), para poder encontrarlo despues y que sea más fuerte. Si es el amor verdadero, lo vuelves a encontrar. Muy bueno este espacio, madrileña. Te felicito y te mando un saludo desde Argentina. Ellipsis

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