LA VIRTUD DE ESTA PASIÓN

Miré al cielo repleto de humo blanco y pequeñas lucecitas de colores que iluminaban la noche. Era esa enorme masa azul, que se combinaba perfecta, en ese segundo en que repasaba en mi cabeza tantos recuerdos. Boca otra vez en los más alto…
Tengo una extraña manera de reflexionar, quizás, sobre este tipo de sucesos que se presentan. Y esto no quiere decir que desvaríe, aunque muchas veces quiero hacerlo. Simplemente es así.

Porque de pasiones se habla y mucho. Pero de pasiones hay quienes entienden muy poco. Así que con motivo de una copa más, me tomé el atrevimiento de escribir acerca de aquello que se denomina pasión. Lejos de hacer un ensayo acerca del significado de la palabra según los intelectuales, me limitaré a retratar ese momento.

Ese momento…
Descripto a la perfección sería como la foto que aún conservo en un rincón de mi corazón. Un grupo de muchachitos felices, con la sonrisa pegada en el rostro y una copa en alto, sostenida por él, a mi entender, el director técnico más grande de todos los tiempos, el que aún hoy se niega a tomar las riendas de la conducción celeste y blanca (hablo de fútbol, claro está). Carlos Bianchi y el equipo campeón del 2000. Año en que un grupo formado y transformado por el Virrey consagró una forma, un estilo, un club.

Es increíble que hayan pasado ya siete años de aquella gran noche en el Morumbí, donde los bosteros vieron que la epopeya del Toto Lorenzo del 77 y del 78 podía repetirse… Y así todo, así las copas que siguieron… 2001 (para el Bi), 2003 (para emocionarse con el regreso de EL GRAN DT)…
No puedo dejar de lado mi fanatismo y por eso hago especial hincapié en aquella copa del 2000 para comparar con este presente, simplemente porque fue la primera que viví de cerca, porque estaba en esta Tierra para disfrutarla, porque me ahogué con el grito de Bermúdez en el último penal, el último de la serie y el primero de las gran seguidilla de definiciones exactas.

Año 2007, Boca Juniors es nuevamente CAMPEÓN DE AMÉRICA…
Este, mi equipo, el Club de mis amores, ha pasado las mil metamorfosis y la historia ha de continuar, cada año, cada campeonato, cada domingo. Es inevitable. Como es inevitable que repase las mejores imágenes cada vez que mi alma xeneize se descubre repleta de festejos, sueños y alegrías. Cada vez que la garganta estalla en gol y un salto desde la silla, el sillón, el piso o donde me encuentre, me hace sentir más viva que nunca.

Gracias Boca, gracias equipo, gracias jugadores de hoy y de siempre, por las emociones a flor de piel, por la entrega y por esta Copa, que se mira y se toca… Por jugar por la plata y por la camiseta, por irse a Europa y por volver, por errar penales y por armar genialidades en la mitad de la cancha, por reprocharme el abandono esporádico en las paradas locales y por darme la bienvenida en las obligadas internacionales que nos hacen grandes, pero grandes de verdad. Gracias SEÑOR FÚTBOL por abrirte ante mis ojos hace unos cuántos años ya, Gracias por hacerme bostera, por esta alegría inconmensurable…

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