Picardías de la ciudad…

¿Quién no se ha topado con situaciones en las que ve cómo cavan la fosa, serruchan el piso, denigran, falsean y llevan a la expresión mínima la solidaridad de las personas? ¿Quién no ha sido testigo del boom minimalista alguna vez?

Es increíble cómo lo hacen, de una manera exquisita, digna de ser estudiada por filósofos o científicos en la materia. Quizá es necesario que así sea (mediocre mi autorespuesta), o tal vez tan sólo es el deporte preferido de la gran mayoría. O nos sumamos a esta paranoia u observamos desde un costado. Le comentaba a un amigo días anteriores, que podía graficarle cómo iba cambiando la situación, algo así como la “metamorfosis del garca urbano”, y digo urbano no porque los pueblos, y los pueblerinos en particular, queden excentos de este tópico; sino porque la cosa se da acá, en la city… en donde lo que buscamos alcanzar se vuelve lo único digno de fidelidad, y si para llegar a “eso” hay que pisar a alguien, se lo pisa, sin ningún reparo.

Mi amigo del alma me hizo llegar esta letra de Serrat, digna de ser leída por estos tiempos de hipocresía… no hay más nada que agregar, y quienes me conocen de verdad saben qué parte es cierta y en qué parte miento… necesariamente… (si no puedes contra tu enemigo, únetele).

Lecciones de urbanidad

Cultive buenas maneras para sus malos ejemplos si no quiere que sus pares le señalen con el dedo. Cubra sus bajos instintos con una piel de cordero. El hábito no hace al monje pero da el pego. Muéstrese en público cordial, atento, considerado, cortés, cumplido, educado, solícito y servicial. Y cuando la cague, haga el favor de engalanar la boñiga. Que, admirado, el mundo diga Que lindo caga el señor!” Hágame caso y tome ya lecciones de urbanidad.

Tenga a mano una sonrisa cuando atice el varapalo. Reparta malas noticias envueltas para regalo. Dígale al mundo con flores que va a arrasar el planeta. Firme sentencias de muerte pero con buena letra. Ponga un testigo a Dios y mienta convincentemente.Haga formar a la gente pero sin alzar la voz. Que a simple vista no se ve el charol de sus entrañas. Las apariencias engañan en beneficio de usted. Hágame caso y tome ya lecciones de urbanidad.

Cultive buenas maneras donde esconder sus pecados. Vista su mona de seda y compruebe el resultado. Que usted ser lo que sea -escoria de los mortales- un perfecto desalmado, pero con buenos modales. Insulte con educación, robe delicadamente asesine limpiamente y time con distinción. Calumnie, pero sin faltar, traicione con elegancia, perfume su repugnancia con exquisita urbanidad.

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