El DT de la Selección Nacional y del recientemente campeón del Sudamericano de Clubes, Drean Bolívar, analiza el presente promisorio del vóley en el país. Rescata lo trascendente de pensar en el desarrollo de las Divisiones Inferiores a lo largo y a lo ancho del mapa.

El mediodía soleado invade el Complejo José Domeño donde el equipo de Javier Weber concentra para el arranque de la Liga Nacional de Vóley. El DT está contento, se le nota en las facciones. Augura un excelente torneo, tanto a nivel de equipos como de seguidores del deporte que tanto le ha dado a lo largo de su vida.

“Yo lo veo al vóley en un excelente momento, desde todo punto de vista. La Selección, que es el espejo, cada año va mostrando su mejoría. Seguramente hay muchas cosas para ajustar, pero se ha dado un salto importante.” Con sus 44 años y un listado de medallas y triunfos en su historial, Javier se detiene a conversar sobre el momento que atraviesa el vóley en la Argentina e invita a soñar con un futuro prometedor basado, principalmente, en el trabajo que se están dando en este presente.

Afirma que “se ha mejorado no sólo la parte técnica o táctica sino también la parte de preparación de los equipos a nivel de Liga Nacional, a nivel de Divisiones Inferiores, que cada vez se desarrollan mucho más.” Incluso, cuando se le pide una comparación con los países desarrollados, redobla la apuesta: “Nosotros llevamos muchísima ventaja a algunos otros países que hoy son potencia, en el trabajo de divisiones inferiores, no sólo por lo que desarrolla a nivel de selecciones -hoy Argentina es número uno en el ranking- sino también a través de un trabajo de clubes, de concepto y desarrollo de divisiones inferiores que hoy tiene una base muy importante.”

No es sólo una apuesta a futuro que se sostiene de promesas y optimismo utópico, Javier es conciente de que “este trabajo hay que incrementarlo seguramente, pero que le lleva años luz a otros países. Sin ir más lejos Italia, que es la meca del vóley en cuanto a la parte profesional pero no en cuanto a las divisiones inferiores. Ese trabajo, de arriba para abajo, hace que hoy la Selección esté entre los ocho mejores equipos del mundo, con un potencial (en base a la juventud del equipo) muy importante.”

Weber se pone serio, se detiene y analiza cuestiones más profundas que no hay que dejar de lado: “en términos de estructura, el vóley actualmente, en los clubes que sufrieron transformaciones por diferentes motivos socioeconómicos, dejó de ser prioridad. Pero se va acomodando, hoy tenemos una Liga Argentina que está creciendo mucho.”

Es la noche del debut. No sólo de la primera fecha de la Liga sino del rival que tendrá enfrente el equipo bolivarense: Buenos Aires Unidos, que llega desde Mar del Plata con figuras como Marcos Milinkovic y aires de conquista. Aún así, faltan algunas horas para el choque y hay margen para que Weber analice el rol de empresas y Estado en el vóley argentino. “Estoy conforme sobre cómo se mueve el vóley a nivel empresarial. Creo que el ingreso de Ideas del Sur le ha dado un toque profesional y marketinero importante, e incluso muchas provincias lo han tomado como modelo de gestión. Este modelo de gestión, al margen de tener algunas empresas y poder incorporar otras, se suma al modelo del Gobierno que ayuda a clubes de provincias como Formosa, Neuquén, Chubut, entre otras, que hoy desarrollan su movimiento provincial a través del deporte y eso es muy bueno”, concluyó.

 

En pleno proceso, la sociedad hondureña se dividió entre quienes dichosos viajaron a Sudáfrica a alentar a los catrachos y quienes se quedaron padeciendo el régimen dictatorial e ilegítimo de Porfirio Lobo. Para Honduras que lo mira por “tevé”

Se trató de un desengaño más en materia deportiva. Cuando la línea entre política y deporte se desdibuja, el resultado es completamente mentiroso. Así, el desempeño “óptimo” de la selección del que hablaron los medios hondureños, no fue más que una puesta en escena del actual Presidente Lobo, -el mismo que un año atrás obtuvo la victoria en unas elecciones celebradas sin garantías democráticas- para aplacar la crisis social del país.

Los Campeonatos del mundo quizá no siempre llegan en el momento adecuado. Claro, cada cuatro años el mundo se mueve, cambia por completo y la historia gira 180 grados. Fue el caso de Argentina en 1978, que en pleno Régimen Militar, con campos de concentración, asesinatos y desapariciones, llenaba estadios y se gritaban goles eufóricos hasta que el equipo argentino levantó la Copa.

El Campeonato del Mundo también sirve para paliar situaciones de crisis económica como en la Argentina de 2002 donde el Mundial Korea-Japón desvelaba a todos para ver los partidos y adormecía la crítica recurrente. O sin ir más lejos, este Sudáfrica 2010, que lo tuvo a Grecia bajo circunstancias muy parecidas y podría agrandarse la lista…

La Copa es mentirosa, en muchos casos. Mientras Porfirio Lobo se tomaba un avión para las tierras de Mandela, con el fin de ver a su selección, el mandatario dejaba atrás un cuestionamiento concreto por la movilización social en el país y por naciones reunidas en UNASUR. Él hizo caso omiso.

Por otro lado, se alimentaba el sentimiento nacionalista, que estuvo a flor de piel desde el minuto cero, queriendo promoverlo como hilo conductor que uniese a los hinchas de un continente a otro, ya sea en tierra hondureña o sudafricana. Las cosas no fueron milimétricamente exactas, pero algo así se dio.

Los hinchas que viajaron a Sudáfrica y que a través de la página web diseñada especialmente para el Mundial 2010 fueron relatando lo que acontecía en el continente africano, regresaron felices por haber sido parte de la segunda participación en mundiales de su selección. Sin embargo, tal como afirman en los comentarios de www.hondurasalmundial.com, el haberse quedado sin el grito de gol los apenó y al mismo tiempo les renovó las ganas de apostar para dentro de 4 años.

Mientras tanto, en tierra hondureña, la crisis social se mantuvo en vilo, y la gente observó de reojo a la selección en la cancha. La primera ronda fue un tiempo de respiro para Lobo y sus secuaces, pero que ya de regreso de Sudáfrica plantea la vuelta  a una realidad: Honduras está aún lejos de decir que ha recuperado estabilidad.

El pueblo hondureño, a su vez, rechaza de lleno la actual estructura de poder y se organiza para dar un vuelco a la situación.

SIN PENA NI GLORIA

Luego de la eliminación no hubo resignación, como sí fue el caso de la selección suiza que empatando con los catrachos también quedó fuera de la Copa del Mundo. Al contrario, Honduras se despidió con la frente en alto, luego de disputar un tercer y último partido de igual a igual que mereció ser un triunfo, pero que no se dio debido a la ausencia de gol.

En 2010, las derrotas fueron ante Chile en su debut (0-1), y luego ante España, uno de los candidatos a quedarse con la Copa, (0-2). En ambos partidos el juego hondureño no logró convertir pero representó de manera digna el juego que vienen desatando algunos de sus apellidos más renombrados, como el de su Capitán, Amado Guevara o David Suazo.

En definitiva, el Grupo H no era el de la muerte pero en lo que respecta al nivel hondureño rozaba los límites de la complicación; y así fue que sólo obtuvo 1 punto en 3 partidos.

Al día siguiente de la eliminación, los diarios hondureños salieron a apoyar al equipo que los representó por segunda vez en un Campeonato Mundial –la otra oportunidad fue España 1982-. Aquella vez, lograron 2 empates (1-1) contra los dueños de casa e Irlanda, y perdieron (0-1) con Yugoslavia.

Sin embargo, lejos del análisis estadístico, lo más paradójico de estas “Copas Mentirosas” reside en las anécdotas que quedan en relación al aparato que las promueve. En país hondureño, por ejemplo, un asueto otorgado por el Gobierno permitió que miles de habitantes observaran por la televisión el último encuentro de su selección. El empate en cero fue un resultado satisfactorio no sólo para los hinchas sino también para Porfirio Lobo Sosa que estuvo rodeado de periodistas y funcionarios de la Casa de Gobierno durante el partido.

Todo parecía celebración y entusiasmo, bancos y administración pública cerraron sus oficinas, y al finalizar el partido el mandatario  manifestó su satisfacción por el coraje de los jugadores de la bicolor hondureña en su último encuentro. Además, indicó que la selección no tiene experiencia en los torneos mundialistas, “pero cumplieron con un papel digno y dieron todo lo que podían dar. Y están entre los 32 mejores equipos del mundo entre más de 100 que participan en la fase eliminatoria”.

Consuelo de tontos, o no, el caso es que de acuerdo a los medios nacionales, ya se piensa en Brasil 2014. Lejos está la Selección de catrachos de aspirar a la Copa dentro de cuatro años, pero más lejos está el actual Presidente de resolver los problemas que aquejan al pueblo.

Diego, rezamos todos.Sentí que se retorcía un nudo dentro del pecho y me asusté. Sentí miedo, escalofríos y tristeza, todo al mismo tiempo y en cuestión de segundos. Era una especie de pánico repentino y mi batalla era contra un solo enemigo: la desilusión.
El silencio alrededor de la mesa era imposible de evitar y cualquier palabra que se dijera no era digna de escucharse porque había algo que nos aturdía a todos por igual y en lo único que pensaba era en salir de esa situación, costara lo que costara.

Perdón, Diego, pero voy a tener que usar palabras poco poéticas para describir lo que vino a continuación, y vos sabrás entenderme. Lo que aturdía era la bronca, esa puta sensación que aturde a todos en muchos momentos de nuestras vidas, casi siempre por injusticias que nos tocan directamente o nos rozan el cuerpo y no nos deja pensar.
Porque si algo caracteriza al fútbol argentino es el hecho de ser cuna de héroes que viven en la miseria y con algo más que talento (con un don) regalan al país y al mundo, las alegrías que quedan en la retina de una generación y se traspasan a la siguiente y a la siguiente. De Fiorito para el mundo…

Vos sos ese ejemplo viviente. No hay monolitos que lo digan, porque no hace falta, sos el tatuaje en los cuerpos de miles de argentinos que te bancan en las buenas, y en las malas mucho más.
Lo de hoy no opaca tu historia, pero sí sé que era tu propia meta a alcanzar para taparle la boca a muchos giles que andan dando vuelta en eso que han dado en llamar “periodismo”.

De algo tenés que estar seguro, las batallas contra los dirigentes corruptos y los periodistas mediocres, ya las tenés ganadas (y por goleada). Lo que faltaba era la frutilla del postre, tu reconocimiento como líder indiscutido, pero esta vez desde el banco y haciendo palomita bajo la lluvia, rayando el césped. Porque eso sos vos, la locura hecha persona, el sentimiento vuelto gambeta, la desobediencia dentro y fuera de la cancha. Porque si hay algo que admiro de vos, que no tiene relación directa con lo futbolístico, es tu sinceridad y tu forma de decir lo que muchos callan. Tu tomar parte en el partido “a pesar de”.

Diego, no adeudás ninguna materia, estás graduado en esta vida y tenés asegurado un lugar entre los seres más admirados de este planeta. Nadie puede negar eso.

Ahora bien, esa bronca que esta mañana se acumulaba en mi garganta y bajaba al pecho para lentamente quitarme la respiración no era hacia vos ni hacia los chicos. Porque son chicos pero son TAN GRANDES al mismo tiempo.
Esa bronca era contra el azar que nos quitaba el sueño. Porque los goles del mejor jugador del mundo por estos tiempos no llegaban y las piernas de esa Pulga se multiplicaban para ganar terreno y aún así no alcanzaba. Porque las chances de Pipita eran claras por momentos y todo se nublaba de golpe con la arremetida alemana que de sangre tenía poco y nada, para no decir que era completamente nula. Porque el quite y los pases exactos de Maxi tampoco alcanzaban y parecía que teníamos que suplicar para que el árbitro nos cobre alguna de las tantas faltas. Porque el estadio quedaba enmudecido de repente, porque fuimos locales otra vez.

Y fue un fusilamiento implacable. Ganó la frialdad calculada frente al toque y el trabajo en equipo. Vos lo dijiste, “este es el fútbol que quieren los argentinos”, y claro que no te equivocás. Queremos más.

Diegote, son campeones del corazón y no hizo falta el título para ganarse el cariño de toda la gente.
Ahora respiro con un poco de tranquilidad y pienso, ¿cómo explicarte con palabras lo que siente el corazón en estos momentos?, ¿cómo encontrar la manera exacta de decirte que la palabra GRACIAS me queda chica y lo único que puedo hacer es intentar resolver el nudo que tengo en la garganta hace ya casi siete horas? Intento y no lo consigo. Y lo peor del caso es que el aturdimiento me queda en la cabeza y en el alma hasta el próximo Mundial.

Dios, sólo te pido que no abandones el barco, porque la remaste contra la corriente y te fortaleciste aún más. Sos tan inmenso que nadie más que vos podría redoblar la apuesta en el país vecino dentro de cuatro años. Por favor, quedate. Es el deseo de 40 millones de argentinos.

Festejos tras la milagrosa clasificación

La selección hondureña arriba a suelo sudafricano cargando sobre sus hombros la ilusión de todo un pueblo sacudido por el reciente Golpe de Estado.

“De un país donde el sol se levanta…”, así reza el comienzo de una de las estrofas del himno nacional hondureño y la misma se adapta perfectamente a la realidad de los 23 jugadores y el cuerpo técnico que están a días de debutar en la Copa del Mundo. En medio de las tinieblas políticas, el deporte hace salir el sol, une a sus habitantes y abraza el sueño de mostrarse al mundo con orgullo.

Tuvieron que pasar 28 años para que un técnico como Reinaldo Rueda, volviera a colocar al seleccionado en condiciones aptas para una disputa de corte internacional. Hasta ahora, España ’82 había sido la única participación en copas mundiales y el sentimiento de revancha quedó latente desde aquél entonces.

Castigado institucionalmente el pasado 28 de junio de 2009, cuando fue reemplazado el Presidente Manuel Zelaya, y posteriormente se nombró a Roberto Micheletti como mandatario interino, aún mantiene en vilo la esperanza y no es extraño que así sea. El pueblo anida en su interior un sentimiento de unidad que se logró a partir de la milagrosa clasificación a Sudáfrica.

El milagro ocurrió en el minuto 64 del partido contra El Salvador, con un gol de cabeza de Carlos Pavón -el goleador de la selección hondureña-, tras un centro de David Suazo. Fue un dramático cierre del hexagonal eliminatorio de la Concacaf. Así, el DT colombiano, Reinaldo Rueda alcanzó el objetivo mundialista que para ese entonces era casi una utopía.

HÉROES O DEMONIOS

Existe una delgada línea entre el deporte y la política. De esto saben mucho los catrachos (como se denomina a los nativos de Honduras), que en 1969 dieron origen a la famosa “Guerra del Fútbol” o también conocida como “la Guerra de las Cien Horas”, que fue nada más y nada menos que la confrontación de dos países hermanos como Honduras y El Salvador.

Ambas naciones se hallaban en plena disputa eliminatoria rumbo al mundial México 1970. El 27 de junio de 1969, Pipo Rodríguez corrió hacia el arco hondureño e hizo el gol que pasaría a la historia. No se trataba sólo de un paso más rumbo a la clasificación de El Salvador, sino del desastre bélico-deportivo que se desató a partir de ese momento. Ese fue el pretexto para que se declarasen la guerra ambos países.

Duró apenas cien horas pero tiempo más que suficiente para enumerar gestos salvajes por doquier: desde banderas quemadas, pasando por agresiones a jugadores e hinchas, suicidios y el saldo de cinco mil muertos.

Se trató de un pretexto. Un partido de fútbol se utilizó para evidenciar las tensiones políticas entre dos países y así quedó en la historia el ejemplo más claro de lo delgada que es la línea que separa el fútbol de la política.

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Entre aquel equipo que llegó a España en 1982 y este que se subió a un avión rumbo a tierras africanas, hay un abismo. No es sólo el paso del tiempo sino las realidades totalmente disímiles que definen a un equipo y a otro.

“El equipo del ‘82 era un grupo bien unido y bien compacto. Pero, en aquel tiempo no había tanto apoyo como lo hay ahora”, afirma Jaime Villegas, defensor central de la selección hondureña en el mundial de España.

El desempeño de Honduras en aquel entonces, según el ex jugador pudo calificarse de memorable en base a los tres encuentros disputados, a saber: España, Irlanda del Norte y Yugoslavia. Villegas recuerda: “Como equipo, nosotros sabíamos que estábamos bien preparados, que nadie nos iba a pasar por encima y no íbamos a desaprovechar esa oportunidad por todo lo que habíamos sacrificado.”

Veintiocho años después, en Sudáfrica 2010, Honduras comparte el grupo H con España, Suiza y Chile. Con titulares indiscutibles como Maynor Figueroa, Pavón, Izaguirre y Amado, el equipo hondureño saldrá a protagonizar el primer duelo entre latinoamericanos este miércoles 16 de junio cuando se enfrente al Chile de Bielsa. Son estilos y tácticas diferentes. Mientras que Chile arma un equipo 3-3-1-3, Rueda dispone a sus jugadores en un 4-4-2.

La carta especial que jugará Honduras es su goleador, el veterano Carlos Pavón de 37 años.

Chelato Uclés, el Director Técnico de la Selección de hondureña en España ’82, en relación a la suerte del equipo en Sudáfrica, asegura: “Si tienen buenos partidos de preparación, las chances de pasar a segunda ronda aumentan. Van a estar en Europa un mes y la clave está en que tengan buenos partidos de preparación; si sólo entrenan no sirve.”

Para algunos medios, los catrachos de Rueda apenas si cumplieron una mediocre gira con tres fogueos, en que obtuvieron dos empates y una derrota. Además, resaltan la clasificación al Mundial en el último lugar de la Concacaf (detrás de Estados Unidos y México), superando a Costa Rica por diferencia de goles.

Sin embargo, esto en lugar de tirarlos abajo termina por fortalecerlos. El pueblo se ha unido más que nunca, llegando hasta abrir una página web (www.hondurasalmundial.com) en la que todos los que han viajado para apoyar al equipo van relatando la experiencia desde el minuto cero en Sudáfrica.

Cada partido renovará la ilusión. El sueño hondureño de volver a la Copa del Mundo se hizo realidad. Ahora la suerte está echada y este grupo de catrachos podrá a cada paso ser capaz de sorprender, como dice la ya reconocida letra del mundial: “campeones o vencidos, pero unidos a intentarlo.”

Sudáfrica 2010

Quiere pero no puede. Quiere hacer de cuenta que está sereno, tranquilo, con la mente en blanco, condiciones necesarias para respirar con normalidad, para no sentir una especie de… taquicardia. Sí, quiere hacer de cuenta pero no puede.

Mira el reloj demasiadas veces, el de la pc, el del celular, el del televisor, vuelve a sintonizar la radio y espera el “toc” de las “en punto”. Una hora más y faltan…

Revisa la bandera, se asegura que esté colgada en el mejor lugar de la casa, adonde todos van a mirar en medio de una plegaria a mitad de partido, o quizá a comienzos. Pero donde todos van a terminar por observar los colores azul y blanco, más hermosos que nunca.

En las horas previas al debut mundial las esperanzas se amontonan, una tras otra, y apenas si le dejan esbozar ideas. Todo se convierte en sentimiento, en sensaciones encontradas, en pasión sin precedentes. O con demasiado antecedente. Porque si algo lo pone nervioso al hincha en esos momentos, es el hecho de ser plenamente conciente de la historia que lleva a cuestas, mezcla de orgullo y resentimiento.

Le tiemblan las piernas, hace horas que le tiemblan las piernas y recién ahora lo nota. Estuvo toda la semana planeando redactar algo que le permita desahogarse y aún así no escribió una sola línea.

¿Cómo explicarle a quien lea esto, que la pasión es completamente incontrolable y los ojos se te llenan de lágrimas de emoción por un partido que aun no empezó? Es inexplicable, claro. El fútbol es inexplicable y se agradece que así sea.

El mundo se vuelve una cábala y él va encontrando a cada paso una nueva promesa para hacer. Tiene una grossa, no se la cuenta a nadie, es su secreto más preciado junto con la celeste y blanca que tiene atada al cuello desde que Diego dio la lista de los 23 convocados.

Repasa el equipo, la formación, lee los diarios deportivos, hace zapping y en todos los canales están pasando lo mismo: Sudáfrica 2010. “Arrancó el Mundial” reza un videograph del noticiero, aunque para él empezó con el grito ahogado del gol del loco Palermo frente a Perú cuando se cerraba el telón, terminaba la obra sin haber empezado y, milagrosamente, (como estamos acostumbrados los argentinos) se escuchó desde la última fila el frenético sonido del aplauso. Después los abrazos, la congoja desparramada, el desenfreno acordado previamente.

Que el 4-4-2 maradoniano, que las teorías bilardistas, que el Estadio nos queda chico, que somos grossos y podemos serlo aún más. Hay una cuota de egocentrismo y agrandamiento previo que no se condicen con el temblequeo de las manos, pero que, en definitiva, reafirma el dicho que dice: “todo tiene que ver con todo”.

Tiembla porque sabe lo que se viene y se angustia porque imagina victorias, festejos, sonrisas y, particularmente porque sabe que se puede. Y apuesta a uno, a otro, al vecino que tira mala onda (porque esos nunca faltan), a la doña de al lado de su casa que últimamente anda más sonriente que de costumbre.

Es que el síntoma general es la alegría inconmensurable. Grandes y chicos alientan, se visten de gala para sentarse frente al televisor y no hay taquicardia que aguante, claro que no. Es la comunión de los pueblos representada a través de una camiseta, los colores de una Nación, la identidad que se consiguió con sangre, sudor y lágrimas, las batallas perdidas, las guerras ganadas, las fronteras, es todo en un solo grito de gol.

Ya de madrugada entra en cortocircuito. Repasa estadísticas como si de esa forma ajustara el equipo, que por estas horas descansa (o quién sabe, tal vez también sufre de insomnio).

Quiere pero no puede. Quiere dormir y no lo va a conseguir, no va a conciliar el sueño porque el sueño ya está parado frente a él y es una sola oración: quiero la Copa del Mundo, Diego.

Big George

Dos veces campeón mundial en la categoría peso pesado, perdió el título ante Muhammad Alí en lo que se denominó “La pelea del Siglo XX”. George Foreman, de la gloria a la depresión, de boxeador a reverendo y viceversa.

Su golpe era demoledor, y no es exagerado el adjetivo. A lo largo de su historia arriba del cuadrilátero cosechó 76 victorias de un total de 81 peleas, 68 ganadas por knock out.

George nació el 10 de 1949, en Marshall, Texas, siendo el quinto de siete hermanos. Era apodado por éstos como “Mo-head”, supuestamente por sus grandes dimensiones, pero en realidad así le decían  porque no era hijo del mismo padre, un borracho ferroviario, sino de Leroy Moorehead, un amorío de su madre.

Con su 1.85 de estatura y sus 84 kilos, su paso por la tierra daba que hablar y no sólo por contextura física  sino por sus problemas con la ley a causa de su “mal uso de la fuerza”. Debido a sus problemas policiales, tomó la decisión de entrar a un campamento en Oregón, para de esta forma reencauzar sus cualidades de boxeo y allí comenzó a entrenar.

Encontró en quien sería su manager, Doc Broadus, un guía que lo aconsejaba y lo corría de su destino de tabaco, alcohol y mujeres. Su adolescencia estaba marcada por esa lucha interna para modificar su carácter arisco y violento.

Combativo y de golpes certeros, su representante lo llevó a competir en los Juegos Olímpicos de México en 1968, año conflictivo en materia de discriminación racial. La actuación de George, con apenas 19 años, fue imponente.

Se alzó con la medalla de oro, luego de noquear en dos asaltos al ruso Chepulis. Foreman subió al podio y festejó con la bandera estadounidense flameando. Hecho que quedaría marcado en la historia como la traición al “Black Power” ya que los demás deportistas de raza negra festejaban alzando sus puños con guantes de cuero negros como símbolo de la revolución por los derechos entre negros y blancos en Estados Unidos.

El Black Power que Foreman no realizó.

EL DESTRUCTOR TEXANO

El profesionalismo lo alcanzaría al año siguiente de la medalla, en 1969, y su debut sería un triunfo por K.O. ante Donald Walheim, en tres asaltos. Nueva York le guiñaba un ojo y Big George, a partir de ese momento a fuerza de golpes de puño bien colocados, incrementaría su eficacia y con ella su fama.

Cambió a Broadus por Dick Sadler y los años 1970 y 1971 lo encontrarían recogiendo números asombrosos: de 12 combates, 12 triunfos; 7 victorias en otros 7 combates. George era imparable y el paso que seguía era ir por el título mundial del WBA y del WBC.

Kingston, Jamaica, fue el escenario del combate entre Joe Frazier, campeón de los pesos pesados y Big George, el 22 de enero de 1673. Fue una pelea dominada completamente por el texano. Derribó seis veces al campeón en los dos primeros asaltos y el árbitro finalizó el combate. Foreman se calzaba el guante de campeón mundial y junto con él la imagen poco feliz ante la prensa a raíz de los desplantes y ese carácter indomable desde sus comienzos. Además, defendería el título en un par de ocasiones antes de  perderlo en “La Pelea del Siglo XX”.

1974 fue el año de la derrota de Big George. El éxito alcanzado iba a derrumbarse ante Muhammad Alí, en Kinshasa (Congo ex Zaire). Debido a un corte en el ojo sufrido en uno de sus entrenamientos, Foreman debió posponer el combate del siglo por un mes más. En ese tiempo, Alí popularizó su propia imagen y defenestró el perfil poco amistoso de Foreman hasta que el 30 de octubre, finalmente se vieron las caras arriba del ring.

El aún imbatido, Foreman, vería a lo largo de la lucha, a un Alí danzando alrededor suyo, resistiendo y al mismo tiempo cansando al campeón. Un Estadio colmado de espectadores alentaba a Muhammad a que derrotase a Big George que terminó perdiendo confianza a medida que pasaban los rounds. George era más fuerte que Alí, pero éste último fue más inteligente y astuto. El triunfo fue para Muhammad y ahí mismo el comienzo de la debacle de Foreman.

La Pelea del Siglo

DIOS, RETIRADA Y REGRESO

Big George estuvo todo el año 1975 sin pelear. Su profunda depresión lo llevó a replantearse una retirada del cuadrilátero, pero 1976 lo encontraría arriba del ring otra vez, peleando frente a Ron Lyle en Las Vegas. Ya no era el mismo físicamente, sin embargo quería seguir peleando hasta que en 1977 un imprevisto sacudió sus planes y debió modificar su rumbo.

Ese año peleó en Florida noqueando a Pedro Agosto y enseguida viajó a Puerto Rico para disputar la lucha contra Jimmy Young, en la que perdió en el último round. Y en el vestuario vivió el momento que lo marcaría, lo que él llamó “la experiencia más cercana a la muerte”. Se sintió enfermo y su corazón le dio un susto más que importante que lo trasladó del ring a la biblia, del golpe a la plegaria. Esto terminaría por materializarse cuando George abandona el boxeo y se ordena reverendo en una Iglesia de Texas.

Diez años más tarde, a sus 38 años, Foreman escribiría una hoja más en su carrera en el boxeo profesional. Sacramente, California le daría la bienvenida al cuadrilátero, una vez más. Frente a la opinión pública que acusaba de absurdo ese regreso, Big George se alzó con un total de nueve victorias en 1988 y empezó a redimirse con el público y la prensa, buscando transformar su imagen huraña por una amistosa y feliz. Paradójicamente se hizo muy amigo de su eterno rival, Alí y se convirtió en exitoso empresario de carnes y parrillas.

En 1991, gracias a los triunfos obtenidos, llegó la oprtunidad de disputar el título mundial. Se llevó a cabo el “Combate de las edades”, Foreman de 42 años, enfrentándose a Evander Holyfield, de 29. Cayó derrotado y Holyfield retuvo la corona. Pero esto no fue impedimento para que Big George arremetiera en 1993 ante una nueva oportunidad que le brindaba el destino ahora ante Tommy Morrison. Una nueva caída y el deseo intacto de retirarse siendo campeón.

Finalmente en 1994 se haría realidad. En el décimo round dejó tendido en el suelo a Michael Moorer. Veinte años tardó en recuperar el cinturón que tanto anhelaba. Con 45 años se convirtió en el boxeador más veterano en conseguir el título del mundo. Big George fue vitoreado y aplaudido como nunca antes en toda su carrera. Se fue hacia una de las esquinas del ring y arrodillado comenzó a rezar.-

Esta tarde Argentina venció 5 a 0 a Canadá. La Selección de Diego Maradona desplegó buen fútbol y excelentes jugadas en equipo. No se trató de un amistoso más, sino del último encuentro que este seleccionado disputa en tierras nacionales. Ahora el destino es Sudáfrica.

A partir del 11 de junio, la pelota mundial comenzará a rodar en tierras de Madiba, o más conocido por todos, tierras de Mandela. Aquél país que durante años sufrió el Apartheid, se constituye como escenario del espectáculo deportivo que mantiene en vilo al mayor porcentaje de personas en el mundo: el fútbol. Después del dolor, viene la recompensa y es tiempo de triunfos y sonrisas.

Somos el pueblo engañado, ultrajado, destrozado por la codicia del imperio.
Somos el pueblo en el cual con formas de luchadores, con discursos revolucionarios tantos se han unido con quienes nos oprimen.

Pero también somos el pueblo donde miles se levantaron contra la más sangrienta represión. Tan valientes tan llenos de vida,
que quienes luchan contra la liberación del pueblo ni siquiera pudieron dejar sus cuerpos de tanto miedo que tenían, de que resucitaran, de que aún continúen luchando.

Picardia enorme porque, incluso desaparecidos, miles resucitaron en sus madres, les regalaron su lucha con su ferviente convicción.
¡Que orgullo pertenecer al pueblo donde miles de madres desafiaron al imperio, sin más armas que el amor!

Por esos somos miles los que retomamos su lucha.
los que conscientes de la responsabilidad que nos legaron
no nos quedamos en el recuerdo, en la historia, sino que avanzamos.

Caminamos juntos, llenos de cantos, llenos de alegría.
Redescubrimos la poesía de luchar por un proyecto común, de trascender nuestras necesidades como sector, de visualizar los enemigos comunes, de unirnos contra ellos con la alegría de entender que el pueblo unido jamás será vencido

Porque son miles las vejaciones que nos ocurren como pueblo
somos miles los que levantamos la voz, cantando, denunciando a los enemigos del pueblo,
convencidos que la lucha es inabandonable,
que seguiremos HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.

30.000 detenidos y desaparecidos

Dibujar un círculo. Agrupar números pares e impares. Eso era delito. Delito era pensar diferente. Prohibido estaba soñar. Organizarse era un impulso de Satanás. Artistas, periodistas, ingenieros, médicos, sacerdotes, trabajadores, sindicalistas, todos y cada uno de los seres que daban parte de su vida a la creación de conciencia política, todos desaparecieron. Treinta mil.

Fue en los Setenta, pero se siente en el aire como si hubiese sido ayer. Fueron argentinos, y eso nos pesa. Fueron los mismos que hoy caminan entre nosotros, aunque algunos (sólo algunos) estén tras las rejas.

Tanta saña tuvieron con ellos que nos terminaron por aniquilar también a nosotros. Y ahora la cuenta termina dando más pérdida aun. Fueron treinta mil y vos. Vos que estás leyendo diferentes notas y argumentos sobre lo que no se debe argumentar. Vos, que en el mes de la memoria, como ahora llaman todos, te preguntás ¿qué pudo haber pasado por la cabeza de millones de argentinos que fueron testigos casuales de la matanza ideológica y no movieron un solo dedo por nada ni nadie?

Vos tenés terror, en el fondo de tu corazón, de que esto pueda volver a suceder. Que de un día para otro en las escuelas primarias, los chicos vuelvan a tener prohibido agrupar números en matemática y vos, padre/madre/hermano/tío no sepas cómo explicarle lo que está sucediendo.

Vos pertenecés a la generación que apenas si sabe reconocer los errores, y ni siquiera sabe cómo debe pagarlos. Vos sos de los que reivindica la bandera de la memoria pero seguís comprando las noticias que vende el canillita de la esquina.

Indefectiblemente, aquella generación setentista desapareció. Y la culpa es nuestra. Mirar para atrás nos ha de servir de ejemplo. ¿Volver a pasar? Eso depende de todos y cada uno. Para ello es necesario multiplicar solidaridad, restar egocentrismo e individualismo, ambas pestes instauradas por un Modelo Neoliberal que hizo y deshizo a la Argentina.

No queremos juntar pedacitos de país dentro de poco, ¿no es cierto? Entonces, empecemos a mirar al de al lado. Empecemos a reconocernos hermanos, compañeros, empecemos a caminar juntos por un país de todos. Mirar para otro lado cuando el que sufre está a metros tuyo, eso quedó en el aire luego del Proceso de Reorganización Nacional. Eso y una Patria ensangrentada que no sabe adónde va.

Sin embargo, lo que no pudieron exterminar los militares fueron las semillas desperdigadas por aquellos militantes soñadores. Semillas que han ido engendrando sentimiento nacionalista y de progreso en varios puntos del territorio. Semillas que están naciendo y gritan: Nunca Más.

el pueblo exige justicia y verdad

MEMORIA: MÁS DE CIEN PERIODISTAS DESAPARECIDOS Y ASESINADOS

En su libro “Los periodistas desaparecidos”, la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) recuerda a los 85 trabajadores de prensa desaparecidos y a los 18 que fueron asesinados, cuya lista la ANC publica a continuación haciendo mención a los lugares donde desarrollaron su actividad profesional:

Siempre presentes!

Periodistas desaparecidos

Claudio Adur (11-11-76), diarios Crisis y El Cronista Comercial, revista Arte Hispanoamericana. Fundador del Centro de Estudios e Investigaciones Artísticas. Docente.

Ricardo Emir Aiub (09-06-77), periodista de Coronel Dorrego.

Alejandro Martín Almeida (17-06-75), agencia de noticias Télam.

Lucina Alvarez de Barros (07-05-76), revista Barrilete. Docente.

María Elena Amadío (30-03-76), revista Discusión.

Andrés Lucio Ariza (22-07-76), periodista de Córdoba.

Juan José María Ascone (18-05-77), diario La Opinión, revistas Primera Plana y Competencia. Corresponsal extranjero.

Jorge Alberto Asenjo (12-06-76), periodista de Cinco Saltos, Río Negro.

Oscar Osvaldo Barros (07-05-76), revistas Crisis y Barrilete. Escritor.

María Bedoian (12-06-77), revista Dinamis y radio Municipal.

Horacio Félix Bertholet (01-10-76) Canal 2 de La Plata y docente en la Escuela de Periodismo de La Plata.

Alicia Raquel Burdisso Rolotti (21-06-77), periodista de Tucumán.

Miguel Angel Ramón Bustos (30-05-76), diario El Cronista Comercial y revista Panorama. Poeta.

Juan José Capdepón (04-78).

Roberto Carri (24-02-77), diario La Opinión, revistas Primera Plana y Extra. Sociólogo, escritor y docente.

Aldo Néstor Casadidio (07-12-76), periodista de la Casa de Gobierno de Mendoza.

Conrado Guillermo Ceretti (27-07-76), revista Panorama, diarios Clarín y La Opinión. Licenciado en Letras, traductor, ensayista y docente.

Jaime Colmenares (02-01-77).

Haroldo Pedro Conti (05-05-76), revista Crisis. Como escritor obtuvo el Premio Barral, Casa de las Américas, Life, Municipal de Buenos Aires, Fabril Editora y Universidad Veracruzana.

Daniel Alberto Danquen (15-05-77), diario Clarín.

Eduardo Defieri (1977), periodista independiente de Buenos Aires.

Julián Delgado (04-06-78), revista Mercado y diario El Cronista Comercial.

Héctor Ernesto Demarchi (05-08-76), diario El Cronista Comercial. Delegado sindical.

Carlos María Denis (27-03-77).

Mabel Kissler de Domínguez (06-01-77), diario El Mundo.

Pablo Hermes Dorigo (20-08-76), empleado de Canal 9 de Buenos Aires.

Dardo Sebastián Dorronzoro (25-06-76), colaborador de los diarios Alberdi de Vedia, El Civismo de Luján y La Gaceta de Tucumán. Escritor.

Alicia Graciana Eguren de Cooke (26-01-77), revista Nuevo Hombre.

José Guillermo Espinosa (18-01-76).

Rodolfo Jorge Fernández Pondal (05-08-77), director adjunto de la revista Ultima Clave.

Claudio Arnoldo Ferraris (30-07-77), poeta y trabajador gráfico del diario La Opinión.

Ernesto Luis Fossati (26-11-76), revista Panorama.

Jorge Horacio Foulkes (17-03-78).

Gerardo Francisco Gatti Acuña (09-06-76), trabajador gráfico.

Raymundo Gleyzer (27-05-76), revistas Panorama, Life, Parabrisas, Time, Georama, Editorial Códex y Alexoraft. Cineasta.

Célica Gómez (03-01-78), agencia de noticias Télam.

Alberto Jorge Gorrini (03-06-78), periodista y fotógrafo. Profesor de Filosofia.

Luis Rodolfo Guagnini (21-12-77), diarios La Opinión, Clarín y El Cronista Comercial, corresponsal de Interpress Service, El País de España, Latin American Political Report y Latin American Economic Report de Londres.

Diana Griselda Guerrero (27-07-76), diarios El Cronista Comercial y La Opinión, revista Discusión.

Norberto Habbegger (08-78), subdirector del diario Noticias, revistas Panorama y Primera Plana. Escritor.

Jorge Rodolfo Harriague (12-77).

Mario Hernández (11-05-76), codirector de la revista Militancia y director de El Descamisado. Abogado.

Mario Herrera (24-05-76), revista Confirmado.

Juan Carlos Higa (17-05-77), diario japonés Akoku Nippo. Poeta.

Daniel Saúl Hopen (17-08-76), periodista y sociólogo.

Ignacio Ikonicoff (12-06-77), diarios La Opinión, El Mundo y Noticias, revista Panorama, agencia Interpress Service. Dirigente del Sindicato de Prensa de Resistencia. Doctor Honoris Causa de La Sorbona.

Santiago José Illa (12-05-76).

Maurice Jaeger (08-07-75), corrector y crítico literario de La Gaceta de Tucumán.

Alfredo Kolliker Frers (15-12-76), diario alemán La Plata Ruff y Prensa Libre.

Miguel Francisco Lizaso (14-09-76), revista La Causa Peronista.

Susana Lugones (24-12-77), diario La Opinión, revistas Siete Días y Crisis.

Francisco Eduardo Martín (14-05-77), diario La Nación, ex delegado sindical en esa empresa.

Mario Martínez (23-01-77).

Elsa Martínez de Ramíres (30-05-78).

José Mario Martínez Suárez (23-12-77), periodista uruguayo.

Heraldo Juan Marucco (03-05-77), editorial Atlántida, secretario Adjunto de la Asociación de Periodistas de Buenos Aires (Apba).

Marta Mastrogiacomo (20-10-76), periodista y traductora.

Nebio Ariel Melo Cuesta (08-02-76), periodista uruguayo.

Liliana Molteni (21-06-76), periodista, cofundadora del Centro de Estudios Pampeano.

Susana Beatriz Medina de Bertholet (01-10-76).

Luis Carlos Mónaco (11-01-78), periodista de Córdoba.

Toni Agatina Motta (11-80), periodista estadounidense corresponsal del Dailly News de Roma.

Daniel Moyano Vega (1976), diario Los Andes de Mendoza.

Paulo Alberto Nazar (23-04-77).

Héctor Germán Oesterheld (06-77), guionista de historietas, creador de El Eternauta y Sargento Kirk, entre otros.

Carlos Alberto Pérez (08-05-76), director del suplemento literario del diario Clarín y gerente de Producción de Eudeba.

María José Perrier (30-10-76)

Rafael Perrota (07-77), director y propietario del diario El Cronista Comercial.

Horacio Norberto Poggio (23-07-76), dirigente del Sindicato de Prensa de Córdoba.

Enrique Raab (16-04-77), diarios La Opinión, Clarín y El Cronista Comercial, revistas Primera Plana, Siete Días, Confirmado, Visión y Análisis.

José Eduardo Ramos (01-11-76), diario Noticias de Tucumán y Canal 10 de Tucumán.

Edgardo Sajón (11-04-77), diario La Opinión.

Roberto Jorge Santoro (01-06-77), director de la revista Barrilete. Poeta y escritor. Premio Fondo Nacional de las Artes. Colaborador en diarios y revistas de la Argentina y del exterior.

Juan Miguel Satragno (26-02-78), diario La Nación.

Víctor Eduardo Seib (30-07-77), trabajador de prensa de la sección circulación del diario La Nación.

Santiago Servín (07-09-76), director de la revista La Voz de Solano, Quilmes. Escritor.

Roberto Juan Carmelo Sinigaglia (11-05-76), revista Nuevo Hombre. Abogado.

Juan Marcelo Soler Guinard (29-04-77), revista Confirmado, diario El Mundo.

María Cristina Solís de Marín (11-08-78), diario La Nación. Delegada sindical. Docente.

Horacio Rodolfo Speratti (06-06-76), periodista, miembro de asociaciones automovilísticas.

Eduardo Suárez (12-08-76), revista Siete Días, diarios La Opinión, El Mundo y el Cronista Comercial, agencia Interpress Service, integrante de la Asociación de Periodistas de Buenos Aires (Apba).

Patricia Villa (14-08-76), correctora del diario La Calle, diario La Opinión. Agencia Interpress Service.

Enrique Juan Ricardo Walker (17-07-76), revistas Gente, Semana Gráfica, Extra, Nuevo Hombre y El Descamisado.

Rodolfo Jorge Walsh (25-03-77), escritor y dramaturgo, periodista en los diarios La Opinión, Mayoría y Noticias. Cofundador con Gabriel García Márquez y Jorge Massetti de la agencia Prensa Latina.

Tilo Wenner (26-03-76), director de El Actual de Escobar y de revistas literarias. Escritor.Periodistas asesinados

Pedro Leopoldo Barraza (13-10-74), ex director de Radio del Pueblo de Buenos Aires.

Cristina Bettanín (02-01-77), fotógrafa de las revistas Ya y El Descamisado, diarios Noticias, El Diario.

Guillermo Bettanín (05-76), diario Noticias.

Leonardo Bettanín (02-01-77), revistas Confirmado, Primera Plana, El Descamisado, Editorial Siglo XXI. Diputado nacional.

Mario Bonino (11-11-93), diarios Popular, Sur y La Razón, integrante de la Secretaría de Prensa de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (Utpba).

José Luis Cabezas (25-01-97), reportero gráfico revista Noticias.

Dardo Cabo (06-01-77), director de la revista El Descamisado. Diputado nacional. Fue detenido el 17-4-76 y asesinado durante un traslado de cárceles.

José Domingo Colombo (03-10-73), diario El Norte de San Nicolás, Buenos Aires.

Ana María Estevao (20-10-75), diario La Voz de Solano, Quilmes.

Julio César Fumarola (06-02-74), fotógrafo, revista Siete Días y colaborador en otras publicaciones.

Marcelo Ariel Gelman, revista Gente y diario Noticias. Hijo de Juan Gelman, fue secuestrado el 24-08-76, desaparecido y posteriormente asesinado, su cuerpo fue entregado a la familia el 05-01-90 y por pedido de ésta fue velado en la sede de la Utpba.

Román Mentaberry (fines de 1979), periódico del Partido Comunista.

Héctor Gutiérrez Ruiz (21-05-76), parlamentario y periodista uruguayo asesinado en Buenos Aires junto a Zelmar Michelini.

Zelmar Michelini, diarios La Opinión y Noticias, agencia Interpress Service. Periodista y parlamentario uruguayo detenido por las fuerzas armadas el 17-03-76, su cadáver apareció el 22-03-76.

Rodolfo Ortega Peña (09-73), director de la revista Militancia. Diputado nacional.

Francisco Urondo (17-06-76), revistas Todo, Confirmado y Paoorama, diarios Noticias, La Opioión y Clarín. Poeta y escritor. Fue asesinado en Mendoza.

María Victoria Walsh (29-09-76), diario La Opinión, revista Primera Plana.

Miguel Angel Zavala Rodríguez (12-76), director de El Auténtico. Diputado nacional (ANC-UTPBA).

desvelo crónico

El caso es que daba vueltas y no se detenía, precisamente, en ningún tiempo ni espacio. La mente humana es así, o todo o nada, o de la nada un todo y viceversa.

Encendí un cigarrillo y el cenicero era mi única compañía. El cenicero y el humo. Más tarde me hice un té negro, aburrido, con dos de azúcar. El sueño por aquellos tiempos me tenía loca; no estaba lo suficientemente cansada como para desmayarme sobre la almohada y tampoco estaba lo suficientemente despierta como para escribir incoherencias como las que solía narrar en tiempos de musas recurrentes.

Y de repente…

…El caso es que soy un caso perdido y no hay vuelta que darle. Lo novedoso de todo esto es que, luego de tres años de terapia y un alta auto-inducido, las cosas, en medio de la nube negra, se me aparecen más nítidas a simple vista.

Y mi forma de ver las realidades nunca fue “a los ponchazos”, claro está. El descubrimiento, mis señores/as, es algo así como el ying-yang. Sí, porque encuentro en el sufrimiento cotidiano de los sinsabores urbanos y la nostalgia reprimida, el condimento exacto de mis días.

Saberme perdida en medio de un rumbo ya conocido, me aterraba. Era el caer de un precipicio después de haberme salvado gracias a un milagro en la caída anterior, y no era prudente. No lo era, no.

El miedo a lo conocido es diez veces más angustiante que el miedo a lo que puede venir. Y así estaba yo, cuando caí en cuenta de lo bueno de temer y apostar.

Exacto! Eureka! El temor viene de la mano de la apuesta y ésta del redoble, del “a todo o nada”, o más bien, del “todo por el todo”. Y me dispuse a relajar músculos y a continuación tomar un sorbo de té, y más luego, a deleitarme con la letra de una canción.

El insomnio fue tan propicio que desde entonces, el desvelo es el tiempo y el lugar para responder a todo lo que durante el día me cuestiono. A solas, con el monitor, el cigarro, el té. El silencio y yo.

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